Lo humano y su dolor como posibilidad de florecer - Diana Sarmiento Pachón
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Lo humano y su dolor como posibilidad de florecer

La sanación en Psicoterapia es un proceso a dos voces entre el paciente y el especialista, en donde algo que parece excluido, rechazado o perdido, encuentra el lugar que le corresponde en la historia personal del paciente.

El paciente va recuperando la calma y consigue imprimirle un nuevo sentido a sus experiencias dolorosas; todo esto ocurre en el aquí y en el ahora de la relación terapéutica, cuyo objetivo es sanar y florecer en todo su potencial.

La Psicoterapia es un espacio especial, en donde ocurre la sanación de un alma afligida, ya sea por una herida emocional, una dificultad o cualquier problema que se le sale de sus manos y que no puede resolver por sí mismo y un Psicoterapeuta quien fomenta el proceso de curación, es un guía, un facilitador y un constructor, dependiendo las necesidades de cada caso.

Generalmente se acude a terapia buscando sanar viejas heridas que aún afectan su vida y en algunos casos de forma dramática.

Heridas que muchas veces pueden arrastrarse desde la infancia y adolescencia, pero también pueden ser presentes como la pérdida de un ser querido y la necesidad de adaptarse a la nueva situación, entre muchas otras.

Las problemáticas psicológicas generalmente hacen que la persona sienta una gran confusión, que le hace sentirse como un extraño en su propia vida.

Existen diferentes tipos de heridas: nuestro pasado y como interpretamos nuestra historia personal, las heridas de la familia, las pérdidas actuales y los fracasos de la justicia social.

Nuestra historia personal es como un tapiz en el que se ensartan un montón de vivencias significativas que conforman nuestra biografía y con ella nuestra particular forma de ser, de sentir, de pensar, de relacionarnos con el mundo y con los demás.

Esta biografía puede estar conformada por vivencias de amor, apoyo y cuidados de nuestras familia o, por el contrario, estar llena de faltas causadas por unas pocas o muchas heridas que aún pueden estar abiertas sin que seamos consciente de ello, heridas causadas por violencia física, emocional, abusos o abandono.

Entonces nuestro tapiz personal termina teniendo una amplia variedad de claros y oscuros, de luces y sombras, de plenitud y falta.

La sumatoria de todo lo anterior es lo que conocemos como la historia de nuestra vida. irrepetible y única.

La vida sin dificultades … sin desafíos, no tiene sabor y carece de sentido; las heridas superadas hacen florecer la sabiduría, nos hacemos más fuertes al levantarnos.

Los problemas psicológicos más frecuentes se deben a las creencias irracionales que se gestan en la primera infancia, creencias como:

  • “En realidad, nadie me ve”.
  • “No tengo un lugar en la vida”.
  • “Tengo que ganarme el derecho a vivir”.
  • “No hay seguridad de nada, en cualquier momento puede pasar algo malo”.
  • “Estoy siempre triste, me siento solo”.
  • “Me falta algo o me falta alguien”.
  • “Continuamente estoy angustiado”.
  • “Nunca me siento acogido”.


Todos estos pensamientos y las emociones consecuentes, constituyen la manera como la persona se posiciona respecto a sí misma, hacia la vida y hacia los otros.

Todo esto lo siente como si le viniera impuesto, no es consciente de que estas creencias se gestaron en algún momento de su infancia, donde creyó que el rechazo, el abuso y el maltrato eran el resultado de algún fallo dentro de sí mismo (ser defectuoso).

No tiene conciencia de que este rechazo, abuso o abandono, supone un fallo en la función acogedora del cuidador primario (vinculo de apego).

La idea de estar condenado a no verse realizado, satisfecho, valorado o tenido en cuenta, corresponde al “Guión de Vida”, que se reprime en el inconsciente y que se repite constantemente sin poder escapar (Compulsión a la Repetición), llevándolo a perder el control sobre su vida y en detrimento de su autoestima.

Psicoterapia para sanar


La Psicoterapia le ayudará a entender y a reestructurar su manera de pensar, sentir, interpretar para reconstruir una historia de vida más sana (Restructuración Cognitiva), deshaciéndose de los mandatos, actitudes y comportamientos que le mantienen como víctima impotente, tomando el control sobre su vida.

Somos el producto de nuestra historia personal, familiar, social, relacional, y aunque nuestra biografía esté plagada de heridas y derrotas, también esta compuesta de victorias y de fortalezas que nos permiten no sólo hacernos más fuertes y sanar, sino que también nos permiten crecer y madurar (Resiliencia). Madurar es hacernos responsables de nuestras vidas y tomar el control.

La Terapia es un viaje hacia el interior de uno mismo, un ejercicio de amor propio, de crecimiento personal y de sanación, como resultado seremos capaces de hacer realidad nuestro derecho a una vida mucho más plena y satisfactoria.

Generalmente arrastramos algunas de nuestras heridas más importantes, convirtiéndolas en “Asuntos Pendientes” que se repiten constantemente conformando nuestro “Guión de Vida”.

Los “Asuntos Pendientes” suelen tener su origen en las relaciones familiares donde los padres, por ejemplo, han fallado en la función de dar seguridad, validación, aceptación y consuelo, funciones éstas que aseguran el desarrollo sano de la psicología de la persona. El objetivo de la terapia no es culpar a los padres, sus fallos pueden deberse a que ellos mismos proceden de familias disfuncionales.

La Psicoterapia es un proceso de aprendizaje que lleva a concientizar las heridas, a ubicar su origen y razón, logrando entender el sentido que tienen en la historia personal y llevando a sanar el pasado; la Psicoterapia conduce también a la reconciliación entre los “padres ideales” y los “padres reales”, haciendo que los rencores pasados desaparezcan.

Otra de las razones que pueden llevar a comenzar un proceso de psicoterapia, son las “situaciones dolorosas del ahora” que pueden confrontar a la persona con sus herramientas internas para hacer frente a las demandas de dichas situaciones, herramientas que pueden no ser acertadas o eficientes.

Entre éstas situaciones se encuentran por ejemplo, la baja tolerancia a la frustración o las pérdidas, ya sean reales o imaginarias; reales como el despido del trabajo, la jubilación, la amputación de una parte del cuerpo, la pérdida de un ser querido, ya sea por muerte o por una ruptura de una relación importante y las pérdidas imaginarias hacen referencia a las heridas que suponen un daño a la sensación de “valía personal”, que pueden darse por la forma inadecuada en la que nos definimos, nos presentamos y actuamos ante lo que nos frustra.

Todos estos elementos influyen en el bienestar y funcionalidad de la persona en el aquí y en el ahora de su vida.

Realizar un proceso de Psicoterapia Efectiva requiere del compromiso del psicoterapeuta y del paciente.

El psicoterapeuta ha de estar bien formado, tener experiencia, ser ético y ser en ultimas un referente real que permita establecer una relación con el paciente de seguridad, amor y entrega al servicio de la sanación de su paciente.

El paciente, por su parte, ha de comprometerse a mirar hacia dentro (introspección), implicarse, tener ganas, asistir a todas las sesiones para que el proceso sea exitoso.

La Psicoterapia y el amor


EL AMOR ES TODO LO QUE IMPORTA, parece raro y casi ridículo hablar de amor cuando se habla de ciencia, pero realmente lo que cura es el amor porque es este sentimiento lo único que puede establecer una base segura para que el paciente pueda atreverse, pese a sus heridas a profundizar sobre si mismo y sobre su historia, porque mirar para dentro es terrorífico la mayoría de las veces, por no decir que siempre. Tenemos miedo de mirar hacia dentro y descubrir una verdad insoportable, es terrorífico porque tememos desintegrarnos al enfrentarnos con esta verdad.

Con lo cual es el amor el único mágico ingrediente que un terapeuta debe hacer suya y dominarla, y es por esta razón que un psicoterapeuta no sólo se forma, estudia y se hace con todas las herramientas posibles y científicamente comprobadas, pero que sin amor no son nada. Es por esto que un buen psicoterapeuta tiene que pasar por un proceso psicoterapéutico para sanar y ser libre para amar, porque no hay herramienta o conocimiento efectivo que sea posible si no está inscrito en el amor.

El psicoterapeuta efectivo entonces no sólo es un especialista en el dolor humano y las razones de éste, que hace terapia para despertar y guiar el proceso de sanación personal, también tiene que tener supervisión y formarse durante años.

Desde este punto de vista, el amor del que el psicoterapeuta dispone sólo puede curar si es una persona autentica y real, tiene que ser coherente para poder realmente reparentalizar el niño herido que habita en nuestro interior. Un terapeuta sin amor es muy peligroso, y más aun cualquier persona que ve y, son muchos los que encuentran en el dolor humano, una fuerte de hacer dinero o fama, como en el caso de muchos procesos de Coaching y demás practicas ejercidas desde un sentimiento incorrecto que nada tiene que ver con un amor ético y comprometido con el servicio no sólo hacia el doliente, sino hacia la sociedad.

Un buen psicoterapeuta sólo puede ser una persona coherente, amorosa y con el alma abierta para servir de base segura para su paciente , que no solo le permita arriesgarse a mirar hacia dentro con la confianza suficiente y necesaria para servirle al paciente como sostén en el proceso de hacerse consigo mismo, de sostenerlo con fuerza, de ser luz en el camino y además ser maestro y ejemplo real, dado que sólo un corazón entregado al amor, abierto y sentido puede ofrecerse a sí mismo como una base segura desde la que ser para el otro todo aquello que le fallo cuando se hacia la persona que es, sólo el amor permite que ofrezca todo su ser y lo ponga al servicio de la persona en proceso de sanación de autoconocimiento y crecimiento personal, que le sepa responder en resonancia a las necesidades que el paciente tiene en cada momento de este proceso.

Proceso que también para ser efectivo, el psicoterapeuta tiene que saber romper con la nueva relación que le ofrece al paciente el verdadero rompimiento de su guión, es decir, que le permita ser, estar y relacionarse y nombrarse de una manera distinta, sana y funcional. Es esto lo que le permite romper con el dispositivo de su enfermedad (la prisión de su compulsión a la repetición que confirma la teoría que un día compuso para explicarse el porque del fallo del amor de sus padres), que en últimas es lo que estableció su repertorio de maneras inadecuadas de sentirse, de expresarse y de ser que no han hecho más que hasta este momento confirmarle que no es digno de ser amado, razón que está en la base de todo lo que hace que la enfermedad se mantenga (creencias inadecuadas por imposibilitadoras, mandatos de ser inauténticos, inseguridades, etc. que constituyen un falso Self, que entre otras cosas, le interrumpe la continuidad de su ser, lo que le hace angustiarse y sentir que es inadecuado. Falsedad que le impide regular sus emociones, además de hacerle pensar que tener emociones es malo.

La vivencia repetida del acontecimiento traumático (trauma acumulativo) es un factor que retraumatiza constantemente ahondando en la herida. Por tanto, la excitación excesiva se vuelve crónica, generando un constante estado de ansiedad, que se representa en irritabilidad, fuertes palpitaciones, hipervigilancia y por todo ello, la persona se encuentra asustada constantemente pudiendo entran en ataques de pánico. Ese estado de constante excitación hace que la persona utilice la evitación como un mecanismo de defensa inconsciente de todas las situaciones que le puedan generar recuerdos del trauma y su consecuente ansiedad.

La psicoterapia integrativa que tengo el privilegio de practicar es una psicoterapia que permite que los traumas de los pacientes y la sanación de esas heridas sean profundas, no solo se eliminan los síntomas del malestar traumático, sino la causa que origina el malestar.

La relacion terapéutica


Se inscribe y toma pleno sentido, en la matriz relacional, en ese diálogo a dos voces, porque nos necesitamos mutuamente los unos a los otros, no sólo porque somos seres sociales, sino porque necesitamos del establecimiento de relaciones cercanas e intimas para poder tener una vida con sentido. El mundo relacional se inscribe en el corazón de lo humano, dado que para ser personas tenemos una serie de necesidades que han de ser satisfechas tanto para estar bien con nosotros mismos en nuestro interior como para estar bien con los otros.

Cuando se dice que la relación es lo que cura en psicoterapia, tiene que ver con el amor, como decía anteriormente. La relación que se establece entre el paciente y el psicoterapeuta se monta en un vinculo que le ofrece al paciente no solo una base segura, sino que atiende adecuadamente las necesidades relacionales de la persona, especialmente las necesidades relacionales que le fueron negadas en su infancia.

La psicoterapia basada en el amor y la respuesta adecuada a las necesidades relacionales del paciente, el apego seguro, y la presencia realmente coherente y firme en el amor del psicoterapeuta es lo que hace que la “magia” ocurra. Quisiera subrayar que este encuentro sanador, a dos voces, no sólo sana el paciente, también sana el psicoterapeuta. Dicho esto, quiero aprovechar la oportunidad para agradecer a todos y cada uno de las maravillosas personas que han confiando en mi saber hacer y que me han permitido tener el privilegio de estar con ellos y de enseñarme y darme tantísimo amor, el amor que me ha permitido no sólo ser mejor profesional, sino sanar y hacerme mejor persona.

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